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Los días de gloriase fueron volandoy yo no me di cuenta(Pablo Milanés)Larga y fructífera vida la de Angelita. Aunque sepas, de antemano, que sucederá, que se acerca el fin del camino, cuando llega nos sorprende; y, por más preparados que digamos estar, nunca se está lo suficiente.

Hay personas que te roban el corazón, sin proponérselo, por ser como son. Así, nada más, se dan a querer. Y, al poco tiempo, se vuelven referentes de muchas cosas; islas, más bien oasis, donde reposar y repostar.

Así fue, es, Angelita.

Cualquier dimensión temporal desde mi perspectiva se queda corta ante su devenir; la conocí -aunque sabía de ella mucho antes- como en el año 2000, al llegar a Vasco de Quiroga; de esto hace ya 23 años, pero ella tenía ya 75 años. Y, para ese tiempo, con mujeres visionarias como ella, ya había transformado su congregación creando otra: Misioneras de la Eucaristía. Ya había vivido en EEUU, ejercido la docencia, estudiado en Francia; y había recibido el proyecto Vasco de Quiroga de manos de su fundadora, Margarita Septién, a los 53 años, edad en la que muchas personas ya están pensionadas, jubiladas, en vías de ello o piensan descansar.

Era una mujer alegre, y aunque no lo pareciera, le gustaba bromear. Recuerdo que hace un tiempo me buscó porque tenía algo para mí, coincidimos en el pasillo “Amparo Carreón”, junto a la cafetería del Vasco y me dio una fotografía, una sonrisa traviesa acompañó estas palabras al entregármela: “mira, cuando tenías pelo”.

También me escuchó, con atención y benevolencia, ofertando generosa la palabra justa, necesaria, pertinente; pero fueron más las veces que yo la escuché, con su voz serena, pausada. Dialogamos de variados temas y de libros; muchas de las veces con el Mtro. Ramiro. También gustamos, en algunas ocasiones, de tequila, de tinto y canciones.

¿Cuántas personas llegan a esta edad? No muchas. En el año 2020 en Comala había 10 personas de 95 años, 5 de ellas mujeres (INEGI)Pero, cuántas de ellas con su lucidez, ganas de aprender -siguió leyendo hasta poco antes de morir-, con su actitud orante, su firmeza, sus ganas de construir comunidad.

Mujer atenta al acontecer en el Vasco, su congregación y en el orbe, no es exageración. Fue una mujer informada, de su tiempo -hay quien dice que adelantada a él-, del que vivió en el día a día, para ello tuvo que aceptar y dejar ir, transformarse para transformar.

Una semana antes de su partida, fuimos a desayunar; unas horas memorables, de calidez, alegría, convivencia, recuerdos, plática, cariño… Angelita, ya te extrañamos, ¿Qué sigue?