Una de las avenidas más emblemáticas de Colima es la calzada Galván. Es una avenida amplia, arbolada, que atraviesa prácticamente toda la ciudad desde que uno entra en ella (si viene uno de Guadalajara) hasta que uno sale de ella (si siguiera uno hacia Tecomán o Manzanillo).

En este sentido es una vialidad insuperable y, además, con gran potencial turístico y ciudadano, pues puede ser estratégicamente diseñada para que aquellos foráneos que estarán sólo en tránsito se lleven una grata impresión de la ciudad capital, sobre todo porque hay algunas glorietas igualmente paradigmáticas en las que se pueden erigir esculturas o motivos colimotes deslumbrantes que finalizarán, por la parte sur, en la más imponente de todas: la del Rey Colimán, además de que está el Congreso del Estado, la Piedra Lisa, y la propia Casa de Gobierno. Sin embargo, la calzada Galván sufrió un fuerte revés desde el día que estrecharon la parte norte de la misma (en ese pasaje que colinda con los edificios de la Secretaría de Cultura y de la antigua zona militar) y colocaron una intrincada zona peatonal e intento de ciclovía que a la postre provocó un caos vial terrible y poco práctico para la afluencia vehicular.

Un fastidio que ocasionaba que uno evitara, incluso, recorrerla de una punta a la otra. No conforme con lo anterior, hace unos días la titular de la Secretaría de Infraestructura, Desarrollo Urbano y Movilidad  de Colima, Marisol Neri León, declaró que ahora estaban pensando hacer la avenida de un solo carril, esto es que corriera de norte a sur, y apoyarse en la calle Del Trabajo para hacerlo de sur a norte. Aunque la titular de esta dependencia fue cauta y dijo que era una propuesta que se estaba analizando, esperemos que los que saben del tema (incluidos aquellos que puedan ver más allá de lo puramente vial) no vayan a permitir que este cambio cristalice porque considero que la calzada Galván va a ser cualquier otra cosa menos la calzada Galván que todos conocimos antes incluso de que cometieran el error de deturparle parte de su vialidad norte. Lo que realmente se tiene que hacer es regresar todo a como estuvo al principio y, además, realizar un rediseño en donde todos esos elementos que he descrito puedan potenciar su imponente belleza.

Las aceras son tan amplias que en algunos puntos se podrían poner más bancas alumbradas por farolas e, incluso, permitir el establecimiento de algunos estancos con venta de productos locales, además de rediseñar para tal propósito las fachadas de la Casa de la Cultura, el Congreso del Estado, la Casa de Gobierno, etc, de tal modo que aquellos foráneos que la atraviesen se vayan deslumbrados. Lo que se necesita es embellecerla y no sólo desahogarla de tránsito vehicular al cambiar su vialidad, lo que me parece un retroceso.  

No creo que haya una avenida tan estratégicamente ubicada en todo Colima como la calzada Galván, de ahí que se requiera un análisis interdisciplinario para no dejar ningún aspecto (incluido el ecológico) fuera de la vista. De lo que se trata es, pues, de crear espacios urbanos que sean confortables, dignos y placenteros para los ciudadanos y los forasteros.

No estaría nada mal que, en algún momento, se pusiera a consideración de la ciudadanía cómo le gustaría ver este pasaje de algunas opciones que previamente le hubiera presentado la dependencia correspondiente, lo cual sería también una manera de fortalecer la identidad local y de crear un sentido mayor de pertenencia.   

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