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El lema que para este 2026 propone la ONU para reflexionar en el Día Mundial del Agua, celebrado el pasado 22 de marzo es: donde fluye el agua, crece la igualdad
Fluir es un verbo que denota movimiento. Se aplica a los líquidos para indicar que no están estancados, sino que se desplazan, no de manera intempestiva, sino con cierta cadencia.
También se aplica, de forma figurada, a otros contextos: las personas, las palabras, los sentimientos.
A la vida misma puede aplicarse cuando se hace referencia a la adaptación ante situaciones inesperadas, eliminando resistencias. Aceptar las circunstancias sin aferrarse: dejar fluir. Tiene que ver con la adaptación, la confianza y la gestión del cambio. Podríamos decir, incluso, que es lo opuesto a la pasividad.
Incluso, cuando el tránsito vehicular no presenta retrasos, decimos que es fluido, algo que nos falta desde hace tiempo en Colima, tanto en la zona conurbada de la capital como en la carretera que conduce a la costa
El INEGI, en el contexto del Día del Agua, comparte algunos datos que aquí reproduzco: en 2024, el 96.8 % de las viviendas tenía acceso al agua entubada; ese mismo año, el 55.1 % de quienes realizaban el acarreo o almacenamiento de agua en los hogares eran mujeres.
El porcentaje que reporta el INEGI indica la cobertura del servicio; sin embargo, no podemos dejar de reflexionar en que el acceso al agua implica retos significativos, tanto en lo que tiene que ver con su captación como con su potabilización. Sabemos también que esta crisis del agua afecta de manera desigual, sobre a quienes menos tienen.
Se trata de un recurso que requiere cuidado en su uso. Una cultura del agua implica cambiar la percepción que tenemos: no es un bien inagotable, es finito. Su cuidado supone adoptar prácticas de ahorro, una gestión sostenible, la participación de todas y todos, así como una educación ambiental.
El agua es un derecho humano fundamental que debe ser garantizado. Recordemos: donde fluye el agua, crece la igualdad.












