Cada vez que el diablo de la política partidista colimeña Leoncio Alfonso Morán Sánchez, es agarrado en la maroma, recurre a su ya muy visto y gastado recurso de darse públicamente baños de pureza, quemarse incienso, jurándose sin pecado original de corrupción concebido, limpio de alma y corazón, siempre víctima inocente de acusaciones y señalamientos difamatorios “de parte de diferentes actores políticos vinculados al PRI y sus aliados, incluso de personajes y personeros, desde la Presidencia Municipal de Colima”, en lugar de asumir como hombre las consecuencias de los abusos que, como por segunda vez alcalde de Colima, cometió en contra de los trabajadores de la administración municipal proveedores y de la población en general.

En Colima se sabe quién es el diablo de Locho, contendiente electoral proclive al juego sucio, siempre presto al descontón a mansalva del adversario político, al golpe bajo, a los gritos destemplados, a la agresión verbal y a recular cuando sus víctimas le hacen frente. Esto y muchas cosas negativas más es quien manejó a placer el dinero de la bancada de diputados federales panistas entre 2006-2009 que fuera coordinada por la muy cuestionada Josefina Vázquez Mota, así jure que siempre se ha conducido “con honestidad, congruencia, vocación de servicio, trabajo y privilegiando el bien común”.

El bien común que privilegia Morán Sánchez se limita a su familia, incondicionales y cómplices. Baste con recordar el descarado nepotismo del que hizo gala en el nombramiento de los funcionarios y empleados de confianza de su administración, el incumplimiento de sus obligaciones con los trabajadores y proveedores, y la desviación de recursos públicos municipales a su cuarta campaña política por la gubernatura de Colima para la que contrató a cientos de activistas con cargo al erario municipal. Y todavía tiene la desfachatez de presumir que “en Movimiento Ciudadano la alianza es y será siempre con las y los ciudadanos, porque nosotros ponemos a las personas al centro y sus causas al frente. Porque amamos a Colima, porque siempre hemos hecho y seguiremos haciendo lo correcto”.

Si de veras amara a Colima y comprometido estuviera a privilegiar el “diálogo y a la legalidad para lograr la gobernabilidad que el Estado y los municipios necesitan para superar los enormes retos que hoy enfrentan y con ello beneficiar a las y los ciudadanos”, Leoncio Alfonso no se hubiera prendido con sus dos diputados locales plurinominales a las enaguas de la gobernadora Indira Vizcaíno Silva para librar la acción de la justicia que le resultará vano.

Según el acorralado Morán Sánchez, “el PRI y sus aliados no soportan que desde el Congreso del Estado y los cabildos municipales, hayamos asumido la responsabilidad de presidir diversas comisiones de gran responsabilidad y trabajo, además de pertenecer a otras más, en secretarías y/o vocalías, que nos permiten día con día el trabajar de frente por las causas de la gente”, posiciones todas resultado de habérsele entregado en cuerpo y alma a la gobernadora para no ir a parar al Centro de Reinserción Social de Colima (CERESO).

Porque la ciudadanía colimense sabe y conoce el atrabancado actuar de Locho de muchos años, que siempre ha ido al margen del Derecho y de la Ley; gris vida pública y privada, sus corruptelas y traiciones, ya nadie le cree sus largos rollos justificatorios, sus baños de pureza y las nubes del incienso que se quema para disimular lo malo que como hombre público emana. Ahora sí que a otros canes con ese hueso.

Se dice que…

*Cierto es que para que la cuña apriete debe ser del mismo palo Rosa Morada, pero la denuncia que la regidora capitalina Gisela Méndez ha presentado ante la Fiscalía General del Estado en contra del morenista converso Leoncio Alfonso Morán Sánchez podría prosperar sólo si el Bryan no tiene la encomienda de su jefa de protegerlo a toda costa.

*Tranquiliza saber que la gobernadora, por su propia boca, dé a conocer que “está bien y de buenas” a pesar de los grandes pesares de los colimenses.

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