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“Sólo existe un fracaso: dejar de ser niño”
Emil Cioran
Estaba leyendo algunos resultados de la Encuesta Demográfica Retrospectiva 2025 (EDER), difundida por el INEGI, en la que se aborda, entre otros temas, el primer trabajo antes de los 18 años.
Resulta interesante observar que, en esta encuesta longitudinal, no hay grandes diferencias entre los grupos de estudio de 1961-1967 y 1998-2007: 59.8% y 58.9%, respectivamente, señalaron haber trabajado antes de cumplir la mayoría de edad. La nota metodológica indica que el trabajo se registra a partir de los 5 años.
Esto me lleva a reflexionar, en el contexto del Día de la Niña y del Niño, sobre la situación de las infancias y cómo sus derechos, establecidos en la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes de 2014, aún están lejos de materializarse para una parte importante de esta población.
Por ejemplo, en 2022, 3.7 millones de niñas, niños y adolescentes estaban trabajando (INEGI, ENTI), lo que representa el 13.1% de la población en ese rango de edad. De ese total, 1.2 millones realizaban actividades consideradas peligrosas.
A propósito de esta fecha, el INEGI también compartió cifras relevantes que ponen el foco en otro aspecto: las niñas, niños y adolescentes con discapacidad o con alguna enfermedad crónica o temporal que requirió cuidados, con base en la ENUT 2024.
Ese año, el 3.8% de la población de entre 5 y 17 años en el país presentaba alguna de estas condiciones y necesitó apoyo. Las personas cuidadoras dedicaron, en promedio, 13.8 horas semanales a vigilarles o estar al pendiente de manera presencial.
La ley mencionada reconoce diversos derechos para este grupo poblacional: el derecho a la vida, a la supervivencia y al desarrollo; a la identidad; a vivir en familia; a la igualdad sustantiva y a la no discriminación; a una vida libre de violencia, así como a la inclusión de quienes tienen alguna discapacidad.
Podríamos añadir uno más: el derecho a ser felices. Y este no depende única y exclusivamente de la pobreza -aunque, sin duda, influye-, sino también de las condiciones que como sociedad hemos construido en términos de atención, trato y respeto hacia la niñez. Implica garantizar entornos libres de violencia e infraestructura adecuada a sus necesidades: escuelas dignas, parques, jardines y vialidades seguras, amigables e incluyentes.
Con motivo del 30 de abril habrá festivales, festejos, fotografías, recuerdos, atención, paseos, dulces, pasteles, juegos y apapachos. Pero también habrá ausencias, tristeza, trabajo, abandono, soledad, violencia, indiferencia y dolor. Hagámonos el propósito de mirar a nuestro alrededor: en el trayecto cotidiano, seguramente encontraremos una mirada, una presencia infantil que requiere atención solidaria.















