Si las instituciones educativas de todo el país no hubieran detenido las clases presenciales desde el inicio de la pandemia y hecho esfuerzos sobrehumanos para continuar dando las clases a través de las medidas proporcionadas por la teconología, en este momento el número de muertos en nuestro país sería, según los expertos, diez veces mayor de lo que tenemos ahora en cifras oficiales, sobre todo porque en aquellos fatídicos primeros meses del 2020 no se tenía siquiera una idea remota de cuándo se aprobarían las vacunas que empezarían a paliar la emergencia sanitaria. Por eso, en este contexto resultan temerarias y ofensivas las declaraciones que dio el presidente López Obrador con respecto a la “comodidad” con que las instituciones educativas del país (incluidas las universidades) están viviendo la pandemia.

En palabras simples, el presidente López Obrador ha insinuado que muchas de las instituciones educativas no regresan a clase por holgazanería y porque su planta docente se está acostumbrando a recibir el pago sin hacer nada. Esta acusación no sólo es errática sino que carece de toda proporción y verosimilitud. Miles de maestros y estudiantes han muerto por causa de la pandemia y lo menos que se puede esperar de la máxima autoridad del país es un poco de empatía puesto que lo que han priorizado las instituciones educativas (por lo menos así lo ha hecho la Universidad de Colima) es la salud y vida de sus trabajadores y estudiantes, de manera que criminalizar una determinación como ésta (que pondera la vida por encima de cualquier otro dividendo humano) debería ser digna más bien de elogios.

El presidente López Obrador no ha sido acertado en el manejo (discursivo, incluso) de una de las peores emergencias de que se tenga memoria en nuestro país, pero no por ello habrá que destacar que para el particular caso de la Universidad de Colima lo único que hemos visto es un manejo escrupuloso de la pandemia durante el último año y medio que lleva activa la misma, y que si bien no ha habido clases presenciales al cien por ciento como lo quiere ya el presidente, nuestra máxima casa de estudios tiene ya tiempo que empezó a implementar la presencialidad es ciertas áreas de mayor exigencia escolar.

El próximo lunes volverá de manera más evidente la presencialidad a nuestra casa de estudios, es verdad, pero esto no quiere decir que la política principal de la institución, misma que ha enfatizado el rector Christian Torres Ortiz, sea la de bajar las armas ante una pandemia que está lejos de haberse terminado. El rector Torres Ortiz ha enfatizado que sigue siendo prioritaria la salud y vida de los trabajadores y, por tanto, seguirán implementando con rigor las medidas sanitarias correspondientes a efecto de evitar que nuestra máxima casa de estudios se convierta, como lo han advertido científicos estadounidenses con respectos a las instituciones educativas, en un caldo de cultivo para la dispersión del virus.  

Es importante, además, que este esfuerzo liderado por las autoridades universitarias tenga un eco real en la población estudiantil y en los trabajadores, quienes deberán respetar con rigor las medidas sanitarias implementadas en la institución a fin de evitar una catástrofe mayor de muertes y patologías derivadas del Covid-19. Por lo demás, qué más decir sino dar un amplio reconocimiento a todos los maestros y trabajadores de la Universidad de Colima por la forma en que se han entregado a su labor pese a la emergencia sanitaria y las condiciones nada favorables para llevar a cabo sus labores.  

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