Esa es la postura del droguero mala paga José Ignacio Peralta, a quien le quedan tan sólo dos meses al frente del cargo, ante los reclamos de proveedores e instituciones como la Universidad de Colima, a quienes no niega que les debe pero tampoco se pone a mano con ellos porque “¡no hay, no hay, no hay¡ A los primeros ya los tiene en la bancarrota y a la segunda en serios aprietos para pagarles sueldos y prestaciones a sus trabajadores.

La deuda del Gobierno del Estado a la U de C ronda ya los 270 millones de pesos, más lo que se acumule si no le abona fuerte a la voz de ya. Su más que prudente rector, Christian Torres Ortiz Zermeño, no ceja en su exigencia ante el Gobierno del Estado para que éste le entregue más rápido que inmediatamente se le entregue “el presupuesto que se le debe para poder seguir cumpliendo sus funciones sustantivas”, pero como nada de nada, tuvo que gestionar ante la Subsecretaría de Educación Superior el adelanto de participaciones federales del mes de noviembre, para poder pagar la segunda quincena del mes de agosto anterior, pero el problema sigue y reventará el cohete en plenas Fiestas Patrias si José Ignacio Peralta no le entrega ya el recurso a la Institución.

Gracias a que,  “hasta el momento,  el presupuesto federal (80% del total), que ha sido muy puntual, le ha permitido a la Universidad cubrir las necesidades institucionales, especialmente nómina y prestaciones, pero al no estar recibiendo el presupuesto estatal, a la vuelta de varios meses hemos llegado a una contingencia muy seria, porque no hemos recibido el complemento del presupuesto que nos corresponde. Es importante explicar que el presupuesto que recibe la institución, tanto federal como estatal, no lo recibe todo junto, sino una cantidad específica mensual mediante un convenio de apoyo financiero, y sólo hemos recibido el presupuesto federal en tiempo y forma”, precisa con claridad el compungido rector Torres Ortiz Zermeño.  

Cierto es lo que afirma el Dr. Christian de que la Universidad de Colima “no es la única institución que tiene problemas con los gobiernos estatales, ya que este es un tema recurrente en el país. El problema, aunque similar, difiere en cuanto a porcentajes”, pero el que muchas sufran del mismo mal no consuela ni tranquiliza a la comunidad universitaria colimense que ve negro el panorama de la alternancia política de la gubernatura del estado con un mandatario saliente que ya de plano tiró la toalla y la entrante que tardará meses en agarrar los hilos.

El incumplimiento del Gobierno del Estado de su obligación  de depositarle puntual y religiosamente el subsidio autorizado por el Congreso Local a la Universidad de Colima, afecta a  4 mil 200 familias universitarias y a 28 mil estudiantes. “En la medida que el tiempo siga pasando, el estado tendrá un adeudo cada vez mayor y no podemos permitir que esto continúe, no sólo por el pago de quincenas, sino porque estamos en la antesala de que termine un gobierno estatal”, reconoce y se compromete públicamente el rector Christian Torres Ortiz Zermeño, pero como que ya es tiempo de que pase de la cobranza amistosa, cordial, a las acciones legales y de presión social. ¿O no?

EL ACABO

*Sí, como expresa Torres Ortiz Zermeño, las muestras de solidaridad que hemos recibido y el respaldo social, tienen que ver con los recursos morales a los que podemos apelar, pero no descartamos que tengamos que emprender acciones legales para que esto se atienda y se resuelva, porque el gobierno del estado actual está en la antesala de terminar su gestión y nosotros no podemos quedar en el incertidumbre”. Pa ’luego es tarde.

*Christian hace bien en subirle dos rayitas a su más que justificada inconformidad: “La universidad no cesará de realizar acciones hasta que esto se resuelva, de manera responsable y en unidad”, incluidas las manifestaciones públicas de rigor, con sana distancia y cubrebocas, desde luego

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