La entrega de la constancia a Indira Vizcaíno como gobernadora electa por parte del Tribunal Electoral del Estado (TEE), resultó un evento más político que protocolario.
En lo jurídico, la declaratoria de validez del cómputo y de la elección a la gubernatura hizo posible, el lunes 19 de julio, la emisión del bando solemne por parte del Congreso local. Un día después, el documento fue publicado por el gobierno del estado y los ayuntamientos. Por parte del Ejecutivo, la proclama la hizo el secretario general de Gobierno, Rubén Pérez Anguiano, en presencia de diputados de varios partidos y de la mandataria electa.
En lo político, a la resolución del TEE siguió un manifiesto de los partidos que formaron la coalición Va por Colima: anteponiendo “el interés superior del estado” –dice el comunicado–, PRI, PAN y PRD decidieron no acudir a la instancia de la Sala Regional del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF).
Es decir, el partido del gobierno saliente y sus aliados ya no recurrieron la resolución del TEE respecto al juicio de inconformidad para controvertir el cómputo estatal de la gubernatura ni la entrega de la constancia de mayoría a Vizcaíno Silva por parte del Instituto Electoral del Estado (IEE). Esa determinación supone el fin del conflicto postelectoral en Colima, pero no necesariamente cancela el empeño de los grupos políticos que se escudan detrás de las siglas partidistas por ganar posiciones en el nuevo régimen y tratar de controlar, desde adentro, las decisiones que tomará la futura gobernadora.

EL QUE SE MUEVE, SALE EN LA FOTO

A recibir su acreditación como gobernadora electa acompañaron a Indira su equipo cercano e innumerables nuevos partidarios del régimen cuatroteísta en Colima, algunos de los cuales todavía hace unas semanas luchaban en la arena electoral por dejar a los candidatos de Morena fuera del gobierno estatal, el Congreso o los ayuntamientos.
Se tomaron la foto con la gobernadora electa los dirigentes de los cuatro partidos que hoy forman la base de lo que muchos querrían ver como un gobierno de coalición:
–Sergio Jiménez Bojado, quien –pese a encabezar la lista plurinominal de Morena– quedó fuera de la diputación local porque su partido agotó, con sus triunfos distritales, el margen de sobrerrepresentación permitido por la nueva ley electoral.
–Javier Pinto Torres, cabeza del partido Nueva Alianza en Colima que postuló a Indira como candidata en común con Morena. Aunque Pinto fue dirigente de la sección 6 del SNTE, el Panal es un instituto que, casi al mismo tiempo que perdió su registro nacional, se despojó de su identidad y, sobre todo, de su representatividad magisterial.
–Marcos Santana Montes, delegado nacional del Partido Encuentro Solidario. El nuevo PES no presentó candidato a la gubernatura y, por lo tanto, respaldó de facto el proyecto de Vizcaíno. Sin embargo, Santana es más conocido en Colima por haber sido procurador general de Justicia en la administración de Mario Anguiano.
– Y Virgilio Mendoza Amezcua, quien técnicamente acudió como representante de la senadora Gabriela Benavides. Ella es la dirigente estatal del Verde en turno, aunque ya está anunciado que el partido regresará a manos de Virgilio en un plazo indeterminado. Mendoza es el líder moral del grupo político porteño que se hizo de la franquicia del PVEM en Colima. Y, no sobra decirlo, jugó contra Indira en la elección de gobernador.

PACTO SOBRE NUEVAS BASES

La lectura que algunos analistas políticos hicieron de la fotografía que se tomó Indira con los dirigentes partidistas que la acompañaron a la ceremonia en el TEE, es que la imagen denota los porcentajes con los que se distribuirán los cargos del gabinete estatal entre los partidos –y entre los grupos escondidos detrás de esas fuerzas políticas– que se asumen ya como componentes de la coalición gobernante.
Ciertamente, el encuentro entre las dirigencias de Morena, Panal, PES y Verde marca el inicio de una nueva relación, que es producto de un pacto distinto al que se estableció (o no, en el caso del Verde) antes de la elección. Por eso, es importante considerar que las nuevas condiciones que lleven a estos renovados acuerdos son las que se crearon a partir del triunfo de Indira Vizcaíno y de su confirmación por parte de los órganos electorales.
No son esas condiciones resultado de secretas alianzas durante el proceso comicial, porque no hay evidencia de que los partidos distintos a Morena hayan contribuido decisivamente a la victoria de la abanderada del lopezobradorismo. Cabe insistir porque parecen olvidarlo, que Indira ganó sola. Triunfó pese y muchas veces en contra de esos partidos que ahora se suben al tren del nuevo gobierno.
Los columnistas del oficialismo insisten en que Indira y Virgilio fueron aliados secretos, y que el candidato del Verde interpretó tan bien su papel que se hizo pasar hasta como contrincante. La verdad es que Virgilio buscó hasta el último minuto la gubernatura.
En su momento, cuando se definió la posibilidad de que Morena, PT y Verde presentaran un solo frente electoral, el ecologista –junto con el franquiciado del Partido del Trabajo, Joel Padilla– se fue por su lado. Buscaba capitalizar el descontento contra el gobernador Ignacio Peralta, pero sin permitir que ese voto de castigo lo monopolizara Morena.
Al pulverizar la opción de cambio, PVEM y PT en realidad ayudaron al PRIAN a ejecutar sus planes para retener la gubernatura. Y al efecto de la diversificación de la oferta política del cambio, los priistas pensaban sumar el trabajo de sus alquimistas.
Disipadas las dudas en torno al procedimiento legal de impugnación, es entendible que el Verde no quiera romper con Morena ni con López Obrador, aunque a nivel local haya jugado las contras. Es válido reestablecer la alianza política que Morena y PVEM acordaron después de 2018 o, bien, llegar a un nuevo acuerdo, pero tendrá que hacerse sobre premisas creíbles. Si el Verde no jugó electoralmente a favor de Indira, no tiene por qué cobrar servicios no prestados.

APUESTA POR EL 2024

La prensa oficialista ha buscado posicionar en el imaginario colectivo la versión de que Virgilio siempre operó a favor de Indira, aunque haya trabajado en contra de Morena en municipios como Manzanillo y Minatitlán.
Ya que no lograron infiltrarse en la fórmula electoral de Morena, muchos de los candidatos de esos partidos hoy aliados pero que en su momento compitieron con los morenistas quieren incrustarse en posiciones del gabinete o colocar en la estructura del gobierno a sus colaboradores. Que los verdes puedan infiltrarse, es una más de las estrategias del grupo aún en el poder para seguir participando de las decisiones de gobierno.
Según las cuentas de quienes todavía despachan en Casa de Gobierno y de quienes se asumen como sus mentores, la situación del estado y la problemática que va a enfrentar la administración estatal será tan compleja que a Indira no le van a ajustar los primeros tres años de gestión para aterrizar la 4T en Colima.
Ese grupo que ejerció el poder calcula que, de aquí a que se resuelvan los problemas de seguridad, conflictos laborales y faltantes financieros, ya se le fue año y medio a Indira. Y para entonces estará en juego la sucesión presidencial.
Asumen quienes no se quieren ir, que la Cuarta Transformación se va a dividir en 2024 cuando, ante la debilidad de partidos como PRI y PAN para presentar candidatos competitivos, de las entrañas de Morena surja su propia oposición. A medio sexenio estatal en Colima se cruza la sucesión presidencial, y el cálculo de los priistas es que vendrá una ruptura de Morena con aliados que, en esta etapa de gobierno incipiente, se consideran indispensables.
Al darse ese escenario de la fragmentación del movimiento lopezobradorista, los cuadros políticos de partidos ajenos al gobernante tendrán margen de maniobra. Y como hay tantas expectativas en torno a este nuevo gobierno que no se verán cumplidas a corto o mediano plazo, los partidos de oposición a Morena van a aprovechar ese desencanto para, con un discurso de señalamiento, tratar de jalar las preferencias de la gente y reestructurar partidos que debieron fenecer de muerte natural después de 2021.

JAMÁS LES PROMETIÓ NADA

La semana previa al evento del TEE, fueron calentando el ambiente para que no fuera tan sorpresiva la presencia de Virgilio Mendoza, Marcos Santana o de la propia Brenda Gutiérrez.
Aun como acompañantes de Indira, de algún modo le llegaron a robar cámara a la protagonista del acto protocolario. Y no tanto por el peso específico de cada uno de ellos, sino por la coyuntura en la que se encuentra el proyecto de Vizcaíno, en plena confirmación de su equipo de trabajo. Los actores ajenos al grupo original de la gobernadora electa podrían terminar cobrando más notoriedad que cualquiera de los cuadros de Indira.
Los aliados en el triunfo quieren adjudicarle a Indira compromisos que no adquirió en campaña. Sin embargo, no hubo méritos en la batalla electoral, los acuerdos se toman en la capitulación, negocian en carácter de derrotados. Los candidatos del Verde, Nueva Alianza y el PES robaron votos a los de Morena en posiciones clave para ese partido. Virgilio Mendoza compitió por la gubernatura y la sociedad lo ubicó en su lugar. Marcos Santana buscó una diputación local y también le fue mal.
Indira no estableció compromisos de ningún tipo y ahora le quieren pasar la cuenta, con el pretexto de integrar una mayoría parlamentaria donde a los diez diputados de Morena, uno del Panal y uno del PES, se puedan sumar los dos del Verde.
En el colmo, prácticamente los mismos columnistas que sostienen la hipótesis de que Virgilio Mendoza contribuyó significativamente al triunfo de Indira Vizcaíno, son los que ahora reprochan este acercamiento del regidor porteño a la gobernadora electa. Algunas de esas firmas buscan darle verosimilitud al reconocimiento que hace Mendoza de su propia condición como actor de la Cuarta Transformación –agenciándole incluso la representación de la 4T en Manzanillo–, pero otros sólo quieren presionarlo para que no pretenda negociar por su cuenta. No se cansan de recordarle a Virgilio que formó parte del complot.

NUESTRO HOMBRE EN PALACIO

Si es verdad que fue un activo secreto de la 4T, Virgilio debe ser un gran prestidigitador pues logró engañar a todos: no sólo a los indiristas que lo vieron siempre como un competidor, sino a los electores que votaron por él como candidato a la gubernatura al verlo como una opción de cambio distinta a Indira; también engatusó, por lo visto, a la cúpula del PRI que nunca dudó que el Verde era parte del Tumor (Todos Unidos contra Morena), y hasta a quienes lo financiaron con grandes cantidades de dinero para que hiciera lo imposible con tal de frenar a Vizcaíno.
Este juego de apariencias tiene una lógica: Virgilio es un político con fuertes compromisos con los actores del viejo régimen. Logró sobrevivir haciendo acrobacias para caer siempre parado, pero la gente con la que pactó su brinco del PAN al PRI por la puerta trasera del Verde, no le va a permitir que olvide sus deudas.
En algún momento quiso sacar provecho de sus vínculos con el PRI, el PAN y más recientemente con la 4T, y presentarse como el gran mediador entre los grupos de poder locales. Pero este 6 de junio la ciudadanía se pronunció mayoritariamente por una ruptura con el pasado político en Colima. Y el problema de Virgilio es cómo le hará para desprenderse de ese pasado.
Morena debe tener claro que, en esta negociación con los actores que algo piden a cambio de su adhesión al nuevo régimen, todos ellos llegan con compromisos. En política nada es gratis, y quienes le dieron los millonarios apoyos de los que Virgilio hizo gala desde mucho antes de la campaña a la gubernatura, esperan recibir dividendos por cada centavo que invirtieron en Mendoza Amezcua.

LA BURRA NO ERA ARISCA

Todos los candidatos electos de Morena, salvo aquellos que están impedidos de hacerlo por la veda electoral que el INE decretó sobre esta consulta para enjuiciar a los expresidentes, han salido a convocar a una participación ciudadana masiva. En este nuevo ejercicio democrático se requiere un número mayor de votos de los que obtuvo el propio López Obrador para ganar la presidencia, a fin de que el resultado de la consulta sea vinculante.
Todos los actores de la 4T, sin temor deben explicar a la población cuál es la relevancia de participar en esta consulta. Y, sin ningún miramiento, deben denunciar los latrocinios de expresidentes como Carlos Salinas, Ernesto Zedillo, Vicente Fox, Felipe Calderón y Enrique Peña, porque esta movilización será el ensayo general del plebiscito sobre la ratificación del mandato de López Obrador a celebrarse el próximo año.
El ejercicio, además, debe bajar de lo federal a lo local. Esos expresidentes impusieron la escuela de corrupción e impunidad en la que se formaron varias generaciones de políticos mexicanos. Y en un estado como Colima donde apenas llega la alternancia, no es remoto que los gobiernos locales hayan actuado como espejo de los gobiernos federales en todos esos vicios del poder que potenció el neoliberalismo.
Enjuiciar a los expresidentes es juzgar el pasado político de México. Y los promotores de la consulta tendrán que ser coherentes con esa mirada crítica del pasado: en la conformación de sus equipos de trabajo no pueden rodearse de gente con fama pública de corrupción. La consulta es una buena oportunidad para deshacerse de figuras que no son bien vistas en el entorno de la 4T, porque jugaron un papel destacado en otros gobiernos.
La gente que votó por el cambio está esperando un relevo de personal. A los que ya fallaron, no está dispuesta a darles una nueva oportunidad. Puede otorgar el beneficio de la duda a nuevos funcionarios que no conoce, pero en todo caso el voto de confianza que les conceda no durará lo mismo que el otorgado en el pasado a cada nueva administración. Si la gente ve que los indiristas no hacen las cosas bien, se los va a reclamar de inmediato.

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