Era el mes de junio, temporada de calor y de las primeras lluvias del año. El cielo se nubló de pronto. De un mango cayó una rama arrancada por el viento con olor a lluvia. Las aves que se encontraban en el árbol descansando, volaron espantadas por la tempestad de una posible tormenta.

No pasó ni un minuto de que se escuchara el sonido de la rama al caer, y de las aves graznar, cuando surgió una silueta humana en la entrada de la oficina del partido político, al cual pertenecí años atrás. La persona que apareció en la entrada, usaba camisa de cuadros y pantalón de mezclilla. Se quitó el sombrero, y haciendo una reverencia se presentó con el nombre de Marcos.

Jaime Sotelo dirigente del partido, invitó a pasar a Marcos a la oficina y tomar asiento. Jaime sostenía en la mano una taza de café que se estaba tomando, la cual no soltó en ningún momento del encuentro. Yo como buen pupilo, solo me dediqué a ver la escena y a escuchar la conversación entre ellos. Marcos nos transmitió su preocupación, y el motivo de su visita.

Marcos era oriundo de la comunidad indígena de Picachos, en donde las decisiones se toman entre todos, y se escucha con mucho respeto los consejos de los ancianos. Resulta ser que “el condenado gobierno” en palabras de Marcos, había autorizado un drenaje en la comunidad contigua de Juluapan, y que las aguas sucias del mismo, se descargarían en el río que atraviesa Picachos. 

A la tarde siguiente, bajo un ligero sereno, del que no moja, pero bien que da lata, partimos Jaime y yo al llamado de la comunidad. Jaime manejaba un vocho modelo 70 sin limpiaparabrisas, situación que impedía ver con claridad el camino,  Jaime de vez en cuando sacaba su mano del vocho, para limpiar con una camisa vieja el agua que impedía ver por donde íbamos.

Al vernos llegar, pude observar como unos ancianos que se encontraban sentados en el jardín principal, se levantaron y se dirigieron a una pequeña capilla, ubicada en contra esquina del jardín. Una señora de tez morena con vestido de flores y su rebosó enredado al cuello, comenzó a repicar las campanas de la capilla y en unos instantes todos los habitantes del pueblo nos tenían rodeados.

En esos momentos quiero confesar. Sentí temor al vernos rodeados, y me daba pendiente de que la reunión se saliera de control, como en aquella película de “Canoas”, de Felipe Cazals, la cual narra como los habitantes de una ranchería en Puebla, lincharon a unos universitarios, los cuales fueron acusados de comunistas por el clero y por el sacerdote de la comunidad.

Afortunadamente los pobladores solo salieron a narrar su temor, y a escuchar nuestros planteamientos de acción. Jaime Sotelo fue el primero en hablar con ellos por su experiencia, y por ser dirigente del partido. Por mi parte hablé poco en público, pero si compartí diálogos con algunos habitantes del lugar. El sereno ya había pasado, dejando un rico olor a tierra mojada.

La tranquilidad del lugar de no más de 100 habitantes, se vio perturbada por escandalosos gritos, y ruidos de motor, de vehículos que bajaban como “locos” por la calle principal del pueblo. Los ancianos nos confesaron que esos “infernales carros”, eran 4X4 que no respetaban a la comunidad, y se metían al río como si fuera pista de carreras. Me dio mucho coraje, como a Ricardo Anaya escuchar eso.

Al terminar la reunión con la gente de Picachos, se planteó que investigaríamos quiénes eran los responsables de la obra, y por qué motivo no se les avisó de la descarga de aguas negras en el río.  Durante el camino de regreso, atrapados en una tenue neblina, platiqué con Jaime del peligro que representaban esas 4X4 de la muerte, y que eso podría deparar en un problema más grande que el mismo drenaje.

Después de una lucha organizada que involucró a las comunidades, a la prensa y al partido, logramos que las autoridades les dieran respuesta de manera directa a los habitantes de ambos pueblos, el gobierno con documentos en mano demostró que las aguas que se verterían al río, eran agua tratadas, es decir que el agua del drenaje pasarían primero por una planta de tratamiento, antes de parar en el río.

El conflicto con el gobierno terminó en diciembre, justo en las festividades del pueblo en honor al niño Dios. A Marcos y a los respetables ancianos de Picachos, les pregunté en alguna ocasión, por qué no hacían algo con las 4X4, a lo que me comentaron que si habían hecho cosas, desde pedirles de la forma amable que el río no era pista, hasta poner letreros con el mensaje de que “prohibía el paso de 4X4 al río”, en ambos casos fueron ignorados por los motorizados.

Jaime mientras sorbía del vaso de ponche que nos ofrecieron en el lugar, me comentó que el caucho de las llantas, la gasolina derramada y los aceites de esas 4X4, era más toxico para el equilibrio natural del lugar, que las aguas tratadas que se pretendían verter sobre el río, la diferencia es que, las aguas tratadas contienen material orgánico que se degrada naturalmente, los aceites y gasolinas, no.

Hace días leí que por fin, la comunidad de Picachos se organizó de nueva cuenta, pero ahora para impedir el paso a las 4X4 de la muerte, a través de una lona la comunidad comunica que se le impedirá el paso a las motos y cuatrimotos que pretendan meterse al río, además los habitantes están realizando acciones directas como, colocar sogas a la entra del río y más vigilancia de los vecinos.

Hace más de 5 o 6 años que puede ser testigo directo, el impacto que ocasiona al ambiente, que las 4X4 atraviesen el río, ya que destruye la vegetación, mata peces, y no deja prosperar la reproducción de chacales, que son parte de la dieta del lugar, además está actividad ahuyenta al turismo, que lo único que desea es pasar un momento agradable con su familia.

No más 4X4 en ese lugar!

Hasta la vitoria siempre pueblo de Picachos! *Licenciado en Ciencias Políticas, por la Universidad de Colima, analista independientemente en temas sociales y políticos, colaborador en diferentes medios de comunicación y miembro de la red mundial de Modernidad/Colonialidad.

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