Si el presidente de la Republica, Andrés Manuel López Obrador,  decidió hacer de la campaña de vacunación contra el Covid-19 instrumento para promover a su Partido Movimiento de Regeneración Nacional y a sus  candidatos a los cargos públicos a disputarse en la contienda en marcha, lo hizo porque los 30 millones de votos que recibió en las urnas del domingo 1 de julio de 2018 y sus altos niveles de aprobación le dan derecho a imponer su voluntad y obligan a todos por igual aguantar la decisión sin hacer gestos.

Si el tabasqueño líder moral de la Cuarta Transformación dejó fuera de la jugada al probadamente eficaz  Sistema Nacional de Vacunación con más de 50 años de buenas prácticas y prestigio internacional ganado con resultados verificables, y a la misma Secretaría de Salud del Gobierno Federal, para darle la campaña Anticovid a su  Secretaría del Bienestar con todo y Servidores de la Nación, Sembradores de Vida y Brigada Correcaminos (prestos todos a recabar copias de credenciales de elector y fotografías de los ciudadanos vacunados), más personal armado del Ejército Mexicano, Marina y Guardia Nacional, hay que creer que él sabe lo que hace y porqué lo hace, y nada hay que alegar.

Si López Obrador hizo un sólo grupo objetivo con personas mayores de 60 años en lugar de por los menos cuatro: mayores de 90, entre 80 y 89, 70 a 79 y de 60 a 69, atendiendo primero a los de más edad sin revolverlos con quienes disfrutan de una mejor movilidad y aguante, ni modo, qué se le va a hacer, así haga sufrir innecesariamente a los más viejos de los adultos mayores.    

Si en lugar de inmunizar primero a todo el personal médico, público y privado, y no sólo al que se encuentra en primera línea de atención a los pacientes de Covid-19, desoyendo las recomendaciones de los expertos en epidemiología, biotecnología, enfermedades infecciosas y salud pública, el presidente de la República decidió hacerlo con los “Servidores de la Nación” y los maestros de Campeche, ni modo. Tampoco admite reclamo el no haber arrancado el programa general de vacunación en los centros de mayor densidad poblacional en lugar de haberlo hecho como lo hizo en las comunidades más apartadas con pocos habitantes, así en muchas de ellas no se haya contagiado ni un sólo cristiano y por ello rechacen airadamente ser vacunados por temor a resultar perjudicados, hay que aceptarlo sin hacer gestos. 

Suena lógico que se necesita acelerar la vacunación en las ciudades donde la pandemia ha golpeado duro, tupido y mucho, a la gente indefensa, pues hay más concentración de personas y mayor contacto entre ellas, pero el señor presidente no va a modificar su enfoque ni a corregir sabedor de que las críticas le hacen lo que el viento a Juárez tal como lo evidencian sus encuestas de popularidad.   

A los fieles seguidores del Mesías no les quita el sueño la lentitud de la vacunación en México ampliamente superada por países equiparables como Chile, así con ella esté provocando cada día más contagios y muertes. La cosa es calmada, dijera Clavillazo. Como asegura un actor más amloísta que el diputado Vladimir Parra Barragán, Damián Alcázar, si la pandemia de coronavirus Covid-19 se hubiera hecho presente en el gobierno priista de Enrique Peña Nieto, habría el doble de muertos y diez veces más el número de contagiados. ¡No pos’ sí¡Todo se vale en la religión cuatroteísta para justificar sin lograrlo las regadas presenciales. ¿O no?   Y a propósito, ¿qué pasó con la inscripción de millones de adultos mayores dizque para asegurarles la aplicación pronta y oportuna de la vendida vacuna? Es pregunta, no se enojen. 

Se dice que…

*Según la empresa de servicios financieros Bloomberg, no hay mejor lugar para pasar la pandemia que Nueva Zelanda y no hay peor que México, pero el presidente se consuela dizque porque al país que tan mal gobierna le ha ido mejor que al vecino del norte. ¿Quién le cree?

*Pemex continúa siendo un barril sin fondo, a pesar de lo cual el líder moral de la 4T no cambiará a su amigo agrónomo que tan mal la dirige, mucho menos reorientara a la empresa que es, por mucho “uno de los principales pasivos fiscales y macroeconómicos del país”, como la califica el Grupo Eurasia.

*Para López Obrador, es “Una vergüenza que abogados mexicanos estén de empleados de empresas extranjeras que quieren seguir saqueando a México; claro que son libres, pero ojalá y vayan internalizando que eso es traición a la patria”. ¿Y el libre ejercicio de la profesión del derecho? Bien, gracias por preguntar.

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