En este largo tiempo de pandemia, ha sido heroico el desempeño de los agentes de la salud que han “acompañado” a los enfermos a causa del coronavirus, que ha desestabilizado nuestra vida y que deseamos pase pronto esta pesadilla, para vivir con más humildad y seguir venciendo el virus del egoísmo que también causa daños profundos en las familias y en la sociedad.

Estamos viviendo sentimientos de preocupación y dolor por la enfermedad, por las contrariedades que a cada uno nos han venido.

También en las familias, cada miembro está ejerciendo una tarea importante como agente de la salud.

Se están acompañando y a la vez se sienten acompañados, están pendientes de sus seres queridos, de sus necesidades, se escuchan, compartiendo y expresando sus sentimientos.

Se animan a seguir hacia adelante, esforzándose por transmitir confianza y esperanza, cuidando, ante todo, de aquel que más lo necesita.

Se vive el amor que los une y se sienten fortalecidos por medio de la oración.

Cierto que esta pandemia nos está impidiendo vernos cara a cara con otros familiares o con los amigos.

Es a través del teléfono como se están comunicando y saben unos de otros, deseando pronto reunirse, para volver a tener esas conversaciones de “sobremesa” que tanto bien hacían, el calor de la acogida, la alegría que sentían al verse, esa satisfacción que a todos les dejaba ese rato de compañía.

Los agentes de la salud de las familias se han convertido en “compañeros de camino” en estos momentos.

Y son conscientes que el servicio que realizan, acompañando al familiar más necesitado,
no pueden hacerlo solos, necesitan la fuerza que el Espíritu les da para poder seguir ejerciendo la tarea de agente de la salud.

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