*Francisco López Pineda dictó la conferencia “Aprendiendo a dialogar con mis hijos”, como parte del Programa Universitario de Salud Mental y Apoyo Psicosocial de la UdeC

En las relaciones padre-madre-hijo-hija, dijo en videoconferencia Francisco Javier López Pineda, es importante entender y estar conscientes de cómo se da la comunicación no sólo verbal, sino también la paraverbal y la no verbal, ya que los hijos e hijas siempre están viendo e imitando a los padres y madres; todo lo absorben, y si esa experiencia fue positiva serán adultos sanos y funcionales, si no, podrán presentar trastornos mentales o de conducta y una disfuncionalidad que afectará a la familia y también a la sociedad.

Esta semana, Francisco López dictó la conferencia “Aprendiendo a dialogar con mis hijos”, que fue la última del ciclo de “Charlas para padres y madres: Consejos para afrontar la pandemia en familia”, en la modalidad a distancia, que la Universidad de Colima ofreció como parte del Programa Universitario de Salud Mental y Apoyo Psicosocial desarrollado con el fin de paliar las afectaciones a la salud durante este tiempo de aislamiento social.

En su charla, el experto universitario dijo que nadie en la familia quiere que se dé una comunicación deficiente, pero que a veces las estrategias comunicativas se distorsionan y eso genera ruido y problemas de entendimiento entre padres e hijos. Por eso, destacó, es importante distinguir y aprender a entender cuándo un hijo o hija necesita de comunicación afectiva o bien de límites, porque ya ha quebrantado reglas o acuerdos de orden social que rebasan la esfera familiar.

Reconocer estos límites, dijo, “es la mejor manera de poder ayudar, porque a veces un hijo no necesita comunicación, sino un correctivo o incluso una consecuencia legal”.

En cuanto a las formas de comunicación compartió que, de acuerdo con expertos y expertas, “de todas las palabras que les decimos a nuestros hijos, sólo un diez por ciento es significativo, pero lo que expresamos con nuestras posturas, de manera no verbal, impacta un treinta por ciento. Aún más, lo que expresamos con nuestro tono, gestos, movimientos y ademanes, lo que se conoce como lenguaje paraverbal, impacta en un sesenta por ciento”.

A veces se dicen palabras correctas e incluso asertivas, añadió, pero el tono o los gestos dicen todo lo contrario. Lo ideal, aseguró, es alinear esos dos lenguajes, en la medida de lo posible, porque esos momentos, ya sean positivos o negativos, se quedan grabados en la memoria de los hijos e hijas para toda la vida y pueden generar un impacto positivo o todo lo contrario; “hay que aprender a ver más allá de la conducta de un hijo, porque lo que se le diga o no se va a reflejar más tarde en actitudes positivas o bien en trastornos mentales que afectan no sólo a la familia, sino también a la sociedad”.

Para él, una comunicación ideal debe ser permanente, abierta, íntima, equivalente (entre iguales) sincera, auténtica, desinteresada, intencionadas (en la que ambos quieran decirse algo), comprensiva y humilde, esto es, saber ceder y olvidarse de uno mismo.

Como padres y madres, dijo por último, “comunicamos el amor o el desamor y nuestros hijos lo revisan, se les adhiere a su estructura psíquica, se hace parte de su piel psíquica y no se olvida; se puede resignificar, pero eso implica mucho trabajo, por eso, es mejor volverse conscientes de estas situaciones y utilizar las herramientas o insumos que ya existen para mejorar los estilos de crianza y decidir qué se fomenta y qué no en los hijos e hijas, sobre todo en días de confinamiento por la pandemia”.