Lo trascendente del pasado domingo no es que Indira Vizcaíno se convirtiera en la segunda gobernadora en la historia de Colima. Lo valioso, lo que recordarán los libros de historia en un siglo, es que fue la mujer que dio la ansiada alternancia a nuestro pueblo; la primera que sacó al PRI del Palacio de Gobierno colimense, la que lideró una ola cuatroteísta en más de la mitad de nuestro territorio; la que hizo y seguirá haciendo historia en “nuestra Colima” con el partido fundado por el mejor presidente de la República desde Lázaro Cárdenas, en una jornada donde además, en 11 de 15 elecciones de gubernaturas, el Movimiento de Regeneración Nacional logró una revolución democrática para la izquierda mexicana.

Acompañada de grandes figuras y candidaturas, en su mayoría mujeres, Indira luchó durante muchos meses por fijar el mensaje de la esperanza, de la real posibilidad del cambio verdadero para una entidad que sufre de la ingesta de agua estancada, de agua del pantano de un gobierno aferrado al no poder que había hecho de nuestro estado un cascarón vergonzante, indigno de presunción para las y los colimenses.

El gran movimiento electoral de Indira, impulsado por el carisma, la jovialidad y la energía que impuso en cada uno de sus mítines, lideró una gran ola guinda en la costa de Colima; reforzada por una alcaldesa ejemplar en Manzanillo, como Griselda Martínez, por un alcalde que ha sabido dignificar el servicio público en Tecomán, como Elías Lozano, así como por aspirantes a representaciones legislativas que le han dado frescura al movimiento obradorista, y que se visualizan como los grandes aliados de la gobernadora en la que será la primera mitad de su gestión.

Indira logró su cometido: establecer un nuevo régimen en la entidad. Un estilo de gobierno que sentará las bases de las próximas décadas en Colima. De todas las candidaturas a la gubernatura, Vizcaíno Silva es la más preparada y experimentada (pese a su juventud), la más sensible ante las problemáticas sociales, la más sagaz, y la única que entiende fehacientemente las raíces del cuatroteísmo.

Sabrá explotar el linaje porteño que las administraciones morenistas han logrado imponer en la costa colimense. El gran bastión de la izquierda estatal se fortificó tres años después del cambio de régimen nacional. Con un movimiento estatal que logró al menos 9 diputaciones, cuatro alcaldías y una más aliada, que ganó el Poder Ejecutivo por más de 15 mil indiscutibles y dolorosos votos para el PRI-PAN-PRD.

Historia pura; pasar del ocaso de un régimen podrido cuyo último acto estatal fue la peor administración del Colima que alcanzamos a recordar, a la esperanza de un cambio de gobierno que el pueblo colimense esperó por más tiempo del que realmente merecía.

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