Este domingo 6 de junio hay mucho en juego. En el tema de la disputa por la gubernatura, por un lado Morena busca darle viabilidad política a la Cuarta Transformación de la vida pública de nuestro país, en especial de Colima, mientras que la coalición del PRIANRD apuesta, apoyada de sus aliados empresariales y de otros partidos conservadores, como MC, confirmar a nuestra entidad y regresar a México al modelo económico que terminó generando desigualdad y pobreza, no solo en el ingreso familiar, sino en las instituciones a través de las que el Estado debía proveer beneficios al pueblo.

Ha sido evidente la estrategia sincronizada entre el PRIANRD y MC por impulsar lo que ellos llaman “voto útil”, pero no es más que el “voto conservador o anti-AMLO”, cuya campaña tuvo su clímax desde el debate organizado por el IEE y UCOL, hasta el momento. El sacrificio de Locho de parte de él y su equipo para poner en la posición de sufragio utilitario a Mely Romero se evidenció en la ridícula sobre exposición de ataques de Locho hacia la candidata de Morena. Nadie en sus cabales habría repetido las mismas frases trilladas de los spots emecistas hasta el cansancio en el único espacio de exposición de propuestas ante la sociedad colimense, o al menos habría puesto un freno al notar que su esfuerzo era fútil ante una candidata morenista que sí llevaba una agenda de propuestas políticas para sus espacios de intervención. Desde ese momento, Locho Morán no tuvo más opción que continuar en la tónica del trabajo sucio ante la puntera indiscutida de las encuestas, pues había quemado sus naves.

Unas semanas antes, cuando Locho anunciaba guiños hacia la 4T de AMLO, públicamente hacía notorio que su interés era disminuir sufragios de Indira, condición que arreció pese a no resultar electo como el portador designado del “voto útil” por los potentados económicos de la entidad y el país, así como por los jeques políticos de las últimas décadas en nuestro estado.

Mely, quien realmente no trae propuestas, pero que al igual que todo el prianismo, le sobran lamentos y desasosiegos en contra de la Cuarta Transformación, tiene como única alternativa tratar de multiplicar el voto anti-AMLO en la entidad, como si fuera ésta la puerta que le da acceso a la competitividad electoral.

Acorde a su formación, pues Mely ha sido instruida bajo la misma escuela neoliberal que el propio Nacho Peralta (quien está a unos meses de conseguir el título del peor gobernador de la historia de Colima), la también ex subsecretaria peñanietista no estuvo exenta de perder la compostura contra Indira Vizcaíno en el ya mencionado debate, al denostarla con un ataque misógino y así dar la bandera de arranque a una serie de ataques viles en contra de la morenista, perpetrados a través de troles y el nado sincronizado de plataformas digitales al servicio de quienes se ostentan como el “establishment”, versión colimilla.

Tras haberse sumergido al lodo en el pantano del debate, Mely Romero tuvo la ¿fortuna? de haber sido elegida como la representante en Colima del estandarte más conservador y de ultraderecha, pero ante todo, del poder fáctico que más ha perdido con el arribo de la Cuarta Transformación a nuestro país: la cúpula empresarial; los que ahora ya no quedan exentos de pagar impuestos, por ejemplo.

Pese a que, como les dijo Luis Carlos Ugalde en una conferencia (el titular del INE en los tiempos del fraude electoral que le dio la presidencia a Felipe Calderón en contra de López Obrador), ni Locho ni Mely tienen viabilidad de doblegar a Indira en la elección de este domingo, la candidata prianista presume a ultranza sus fuentes de envalentonamiento, esperanzada en que “la movilización” (el intento de fraude) del Día D le permita rebasar por lo oscurito.

El endurecimiento de Mely Romero en torno al discurso conservador y neoliberal pinta de cuerpo entero lo que se juega Colima en esta elección. Mientras Indira ha hablado de propuestas amloístas que van desde el crecimiento de los apoyos sociales, la austeridad en el gobierno y la transparencia, la búsqueda de la inversión, así como el combate a la inseguridad desde las raíces, Mely Romero no hace más que lamentarse por la desaparición de las guarderías, de los fideicomisos, prometiendo la creación de más burocracia para meter en nómina a quienes no la descobijaron en campaña.

La gran disputa por el poder y el presupuesto ha maniatado a Mely Romero, quien ya envuelta en el clasismo del empresariado local y nacional, se ha convertido en un símil de Nacho Peralta, cuya bandera asegura no más que un buen sexenio para los poderes económicos detrás del Estado colimote.

Tanto se ha inmiscuido, que en lugar de arropar al candidato de ultraderecha por excelencia, los potentados le han endilgado a éste el papel de terrorista suicida en contra del cuatroteísmo, y a la abanderada prianista como la poco virtuosa representante de poderes detrás de los poderes, como el de la iglesia, desde donde hace un par de semanas solicitan que sea para ella el voto de sus feligreses.

Pareciera que Colima tiene solo dos vías: la Cuarta Transformación con Indira Vizcaíno o la permanencia del neoliberalismo a ultranza, con Mely Romero o su aliado Locho.

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