Cuando Indira Vizcaíno habla, como uno de los cuatro ejes de su programa de gobierno, de una economía para el bienestar de los colimenses, hay incluso quién escucha –con el sesgo de su fervor neoliberal– ‘economía centralmente planificada’, advirtiendo en la candidata de Morena a la gubernatura una intención de ¡llevarnos al comunismo!
De pronto, el discurso político electoral se llenó con la palabra ‘mercado’. Pero mientras unos candidatos piensan en ‘libre mercado’ –es decir, en la nula intervención del Estado para regular los intercambios comerciales–, otros como Vizcaíno Silva sugieren usar el aparato estatal para consolidar los ‘mercados sociales’.
En materia de productos de primera necesidad que se cultivan o se procesan en nuestro estado, el libre mercado es el reino del coyote y el acaparador. La utopía es una relación sin intermediarios entre los agricultores y los consumidores.
Ese es el sueño de quienes impulsan los farmers market: mercados de granjeros, en México llamados mercados sobre ruedas, pero devenidos en mercados verdes como parte de las preocupaciones ambientalistas de los últimos años. Sin embargo, la realidad de nuestras bodegas, mercados y tianguis es la intermediación, el capitalismo puro. La mayor parte de la utilidad que genera un producto agropecuario, la obtienen los comerciantes, no el cultivador ni el criador.
El mercado social, una de las prácticas de la economía solidaria, es –según la definición en www.mercadosocial.net– una red de producción, distribución y consumo de bienes y servicios, así como de aprendizaje común, que funciona con criterios éticos, democráticos, ecológicos y solidarios, en un territorio determinado.
Esta red está constituida tanto por empresas y entidades de la economía solidaria y social, como por consumidores individuales y colectivos. Y su objetivo es cubrir una parte significativa de las necesidades de los participantes de la misma, desconectando la economía solidaria de la economía capitalista tanto como sea posible.
Haber dejado la economía rural al influjo de la oferta y la demanda, sin ningún tipo de regulación, subsidio ni otra fuente de financiamiento que no sea el capital especulativo, encareció la producción en México hasta volver incosteables algunos cultivos tradicionales. Se empobrecieron los productores, pero se enriquecieron los agroindustriales. Con el esquema de libre mercado, el producto interno suma cero: la ganancia de unos es la ruina de otros.
Las relaciones económicas en el campo colimense se traducen en una realidad absurda: un estado eminentemente agrícola, pesquero, piscícola y ganadero no es autosuficiente en cárnicos, lácteos, pescado, mariscos ni en aquellos frutos u hortalizas que escapan a los cultivos intensivos de limón, papaya, plátano o coco (ni cerezas ni zarzamoras forman parte de nuestra dieta habitual). Buena parte de los alimentos que comemos los colimenses, vienen de otros estados a través de los centros de abasto en Guadalajara.

CENTRAL DE ABASTO

Curiosamente, muchos de los candidatos a una alcaldía y casi todos los que buscan el gobierno estatal, abrieron su campaña con la visita a un mercado municipal.
Al reducir el concepto de mercado al abasto de productos básicos, generalmente alimenticios, esos aspirantes postulan una misma idea: generar condiciones para que los precios sean más bajos beneficia la economía familiar.
El martes 13 de abril, la candidata de Va por Colima al gobierno del estado, Mely Romero Celis, expuso a los agricultores de Tecomán su proyecto para fortalecer el campo y el mercado interno, a través del impulso de una mayor inversión en la infraestructura hidráulica para el riego de cultivos y la construcción de una central de abasto y de un mercado de productos del mar.
La propuesta de la abanderada del PRI, PAN y PRD es acabar la intermediación y triangulación, con el consecuente sobreprecio que se genera al concentrar los productos de Colima en Guadalajara, hasta donde se trasladan comerciantes y restauranteros para adquirirlos.
Indira Vizcaíno propone a su vez construir no una sino tres centrales de abasto (¿no bastaría con una sola y un solo rastro tipo inspección federal, para un estado tan chiquito?) donde agregar valor a los productos de nuestro campo, y eliminar intermediarios para garantizar mejores precios a los productores locales.
La candidata en común de Morena y Nueva Alianza planteó recuperar el programa agropecuario ‘peso por peso’, “sin las mañas de antes ni favoritismos”. Con ese dinero se podrían construir ollas y bordos para riego, entregar directamente fertilizantes orgánicos, subsidiar vientres y otras acciones de mejora genética para el ganado.
Como futura gobernadora, Indira se comprometió a garantizar la calidad de los rastros y realizar barridos sanitarios permanentes, a fin de mantener el estatus zoosanitario que les dará a los productos de Colima un mayor acceso al mercado internacional.
Ese tema de los rastros, por cierto, pone en predicamento sanitario a Leoncio Morán Sánchez, abanderado de Movimiento Ciudadano a la gubernatura. En su reciente gestión como alcalde capitalino, Locho cerró la Procesadora Municipal de Carne que daba servicio también a Villa de Álvarez.

SEGURIDAD SOCIAL

Para Vizcaíno Silva, es urgente reactivar la economía. No puede haber [cuarta] transformación en Colima sin fortalecer las diferentes áreas de la economía: la industria, el comercio, el turismo o el campo.
Su propuesta de desarrollo social obliga a avanzar hacia el empleo digno y la generación de oportunidades, principalmente para las mujeres y los grupos más vulnerables.
El planteamiento que mereció el descalificativo de comunista, es su propuesta de un cambio verdadero mediante la distribución equitativa de la riqueza que se genera en el estado. El gobierno, rompiendo el mandato liberal de ‘dejar hacer y dejar pasar’, debe ser el detonador y facilitador del proceso económico, apoyando de forma directa a los sectores productivos para que los negocios vuelvan a crecer, sugiere Indira.
El modelo económico de Morena para Colima se funda en el cuidado del medio ambiente y el respeto de los derechos laborales; en incentivos fiscales y créditos a empresas y emprendedores; el impulso al consumo de los productos locales y la atracción de inversión extranjera, haciendo del puerto el epicentro de la transformación.
En un estado donde un alto porcentaje de la población económicamente activa se desempeña en el campo de la informalidad, una oferta electoral basada en el bienestar de todos llama la atención y preocupa a quienes postulan la tesis de una mano de obra barata para atraer inversiones.
Cuando Indira pregona que su gobierno trabajará “para garantizar el acceso a salud, vivienda y vejez digna para los trabajadores colimenses”, también inquieta a quienes defienden la terciarización (u outsourcing) y la cotización fraudulenta ante el IMSS o el ISSSTE por parte de algunos patrones, incluido el Gobierno del Estado que por años mantuvo a sus trabajadores de confianza inscritos en el seguro social con un salario menor al realmente percibido.
Los derechos a la salud, la vivienda y el retiro son la razón de ser de la seguridad social. Sería el verdadero paraíso del que hablan todos los candidatos un estado donde el gobierno se preocupe porque la clase trabajadora tenga empleo estable, mejores salarios y protección frente a los vaivenes del mercado laboral.

LO MISMO, MÁS BARATO

Espero que los colegas que forman parte del nado sincronizado no acusen de comunista también a Mely Romero, quien en un spot de radio y televisión desglosa una propuesta económica, en términos generales, muy parecida a la de Indira:
“Llegó la hora de sumar, crecer y construir un Colima próspero. Retomar las riendas de nuestra economía y generar más ingresos fortaleciendo el consumo local. Llegó la hora de las y los colimenses, de quienes invertimos aquí y trabajamos cada día. Nuestra apuesta es emprender con créditos accesibles y asesoría permanente. Somos más quienes creemos que construir un mejor Colima es posible. El empleo y el emprendimiento serán mi prioridad”, sostiene la candidata de Va por Colima.
De acuerdo al video que ha venido presentando en las colonias, Mely ofrece: “Reactivar la economía. Nos enfocaremos en que puedas generar más ingresos, facilitaremos la creación de empleos, apoyaremos a los micronegocios, detonaremos todo nuestro potencial turístico y captaremos más inversiones. Tu economía familiar tiene que mejorar. Este proyecto contemplará una estrategia para impulsar de manera particular proyectos encabezados por mujeres y jefas de familia”.
Más adelante, Romero Celis equipara el “estar bien” (o sea, el bienestar) a acciones en pro de la igualdad que permitan una mejora genuina en la calidad de vida de los habitantes.
Por suerte, a Mely no la pueden acusar de bolchevique porque no promete específicamente una distribución equitativa de la riqueza. Tampoco aclara si mejorar la calidad de vida implica acciones gubernamentales para garantizar los derechos laborales, entre ellos el seguro de salud, el fondo de vivienda y el ahorro para el retiro. Los anticomunistas en la prensa y la iniciativa privada pueden estar tranquilos.

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